Cadena Significante
Tomado de: Elementos para una enciclopedia del psicoanálisis
El aporte Freudiano
Pierre Kaufmann: (1916-1995)
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La articulación temporal de un signo con otro sobre el eje de las oposiciones, o eje sintagmático, constituye la cadena significante; la relación sintagmática es in praesentia, «reposa sobre dos o más términos igualmente presentes en una serie efectiva» (Saussure, Curso de lingüística general). Ubicado en un sintagma, un signo sólo adquiere su valor porque está opuesto a lo que lo precede o lo sigue; por ejemplo, «retomar la ruta» «la vida humana» «un pote de miel». De entrada una lengua aparecerá como una sucesión en el tiempo de unidades discretas asociadas a un sentido.
Lacan introduce una ruptura respecto del pensamiento de Saussure, con la supremacía del significante sobre el significado: «La primera red, la del significante, es la estructura sincrónica del material del lenguaje en tanto que cada elemento toma en ella su empleo exacto por ser diferente de los otros; éste es el principio del reparto que por sí solo regula la función de los elementos de la lengua en sus diferentes niveles, desde la pareja de oposición fonemática hasta las locuciones compuestas de las que la investigación más moderna se ocupa de desprender las formas estables» («La cosa freudiana o sentido del retorno a Freud en psicoanálisis», 1955, en Escritos). Para él, la articulación de un significante con otro significante en la cadena significante es la presencia misma del deseo; en efecto, el principio de la metáfora paterna implica que el significante representa al sujeto para otro significante: un significante S2 en lugar de un significante S1 reprimido hace advenir al sujeto hablante o, en otras palabras, S2 representa al sujeto para el significante S1. Siguiendo la cadena significante, ese movimiento se renueva constantemente puesto que, como lo definió Saussure para el signo, el sentido de un significante depende de los otros significantes que lo siguen o lo preceden. Así se produce en el significante el advenimiento temporal de un sentido que para Lacan se figura como lo deseable; en esta lógica, puesto que lo que tiene un sentido es lo deseable, lo deseable será el significante mismo. El significante SI aparece como lo deseable, pero sólo a partir del significante S2. La cadena significante está por lo tanto aquejada de una negatividad radical: falta el objeto absoluto, si bien, por su lado, la falta no es absoluta, puesto que el deseo le hace contrapeso. Esta posición va a conducir a Lacan a la distinción de lo simbólico, lo real y lo imaginario. Si el significante ocasiona el deseo en lo simbólico, la falta de objeto en lo real conduce a su trasposición en lo imaginario; el significante que aparece en el lugar del objeto que falta y que lo simboliza, explica al mismo tiempo el mantenimiento del deseo en el registro de lo simbólico. En otros términos, lo imaginario recubre al significante tomado sólo a la manera de lo simbólico donde funciona, necesariamente articulado y opuesto a los otros significantes. Por ello, en «La instancia de la letra en el inconsciente o la razón desde Freud» (1957, en Escritos), Lacan escribe: «Es en la cadena del significante donde el sentido insiste, pero ninguno de los elementos de la cadena consiste en la significación de la que es capaz en el momento mismo». Además, lo real sería «el entre dos significantes» donde «el significante deja de ser sólo un significante». De hecho, hay que plantear la distinción sentido/significación; ello lleva a Lacan a modificar la cuestión del advenimiento de la significación. Lo que introduce la significación no es, como cree Saussure, un corte en el flujo de los sonidos y los pensamientos, sino el almohadillado (capitonnage): cada término es anticipado en la construcción por otros, y sólo encuentra su sentido retroactivamente («Subversión del sujeto y dialéctica del deseo en el inconsciente freudiano», 1960, en Escritos): la noción de «punto de almohadillado» es específicamente articulada con la supremacía del significante evocada por Lacan. También las operaciones metáforo-metonímicas que obran en la lengua humana respaldan este abanico de conceptos cuya lógica funciona de manera recíproca.
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